Mascotas esterilizadas

Son pocas las voces que se atreven a proclamar la defensa de la esterilización de perros y gatos domésticos pero su esterilización no es perjudicial para ellos.
Son pocas las voces que se atreven a proclamar la defensa de la esterilización de perros y gatos domésticos. Las personas que conviven con mascotas (ser dueño es una palabra que connota falta de independencia, libertad, dignidad…) y, sobre todo, aquellas que realmente conocen el significado de la responsabilidad que conlleva procurar a los animales una vida, cuan menos, digna, saben que en la sociedad actual y dada la forma en la que se establecen las comunidades humanas, la esterilización es una opción muy responsable, lógica, saludable y digna para el animal, su entorno y su especie. Y el fundamento para ser tan rotundo a la hora de aseverarlo radica no sólo en la ciencia, sino también en la pura experiencia, la simple observación, el desarrollo de la sensibilidad personal y un profundo sentimiento de respeto.
Cada vez se conocen con mejor detalle los pormenores de esta operación que sirven para erradicar muchos de los prejuicios y falsas atribuciones, sórdidas, infundadas y faltas de criterio y rigor que se enarbolan popularmente a la hora de rechazar esta práctica. El ser humano está demostrando ser egoísta, destructor y desagradecido. Actualmente las ciudades son hervideros de repudia, repulsa, desgracia y rechazo animal, en las que la política imperante es mirar hacia otro lado y delegar en otros que solucionen el problema.
Un animal no es un problema, no debe ser un problema. Y sin embargo, lo está siendo, salvando el tópico, por la ignorancia, pasividad y dejadez humanas. En tales circunstancias, la esterilización es una buena alternativa. Y es que, además, en contra de muchas fábulas y leyendas urbanas, esterilizar a una mascota no es perjudicial para ella. En ningún sentido. Porque, mientras tanto, los animales sufren y mueren en la calle. Son centros de gérmenes para ellos mismos y el resto de seres vivos y se amontonan en esquinas y estercoleros como objetivo de la burla, la utilización, las vejaciones y la repudia general. No sólo ellos, sino todos los que, en mayor o menor medida, intentan poner freno a esta situación. Mucho saben de ello las protectoras en su dificilísima y muy útil labor diaria, los veterinarios y en general los amantes de la naturaleza. Muy poco saben y mucho ocultan las instituciones y el resto de ciudadanos.
La desidia, la desinformación y la ignorancia aportan el atrevimiento suficiente para rechazar y no solucionar. La hipocresía mata y remata: la mayoría de aquellos que, enardecidos, gritan en contra de la esterilización, jamás ha visitado una protectora, no sabe cómo funcionan estas asociaciones y desconocen los esfuerzos ingentes que deben afrontar, ya que son agrupaciones privadas sin ánimo de lucro, sufragadas por los propios socios a todos los niveles y cumpliendo con un servicio que la Administración debe gestionar por ley y que no realiza. En el ‘mejor’ de los casos instauran perreras, centros dantescos donde se mata a los animales, donde se les quita de en medio para no afrontar el problema y en los que la enfermedad, la podredumbre y la muerte campan a sus anchas. Donde las compañías de cosméticos, alimentación humana y animal, laboratorios, farmacéuticas, marcas de estética, bricolage y mafias locales de todo tipo hacen su agosto.

La hipocresía en fin convierte a muchos en supuestos defensores de la virtud de un perro o un gato, sin entrar en discusiones serias y razonadas, sin rechazar otro tipo de torturas y vejaciones reales, habituales y alabadas socialmente. No hay más que acudir a una corrida de toros, a un circo, a muchos de los zoológicos de todo el mundo, a una granja de pieles, a un centro de elaboración de glicerinas… y en especial a los mataderos. Comer carne, o al menos, matar lo que se come de otra manera, debería ser motivo de reflexión.

 

Razones para la esterilización

La esterilización podría evitar la muerte y repudio anual de millones de perros y gatos. Es una medida que afecta positivamente a la existencia del animal y que prolonga y aporta calidad de vida a su existencia. Aunque está respaldada por la gran mayoría de veterinarios, biólogos, cuidadores, amantes de los animales, y asociaciones tan importantes como la Sociedad Mundial de Protección Animal o fundaciones como el Pet Food Institute, aún goza de cierto rechazo por los mitos que existen en torno a ella. Los más habituales aluden que un animal esterilizado tendrá menos energía. Muchas personas recurren al sentido común, a la observación directa o la práctica diaria para ratificarlo.

Todo aquel que tenga una mascota sabe que no es así. Los gatos siguen cazando incluso tras una operación de este tipo Aún prescindiendo de la ciencia, el más pequeño contacto con una mascota esterilizada lo demostrará. Otra cosa es que el responsable de un animal operado no atienda correctamente su alimentación o los cuidados que requiere habitualmente, como todas las mascotas, y se encuentre, al cabo de no mucho tiempo, con un animal apático o cambiado.

“No es natural, es un crimen, se les elimina un sentido” dicen muchos. De ninguna manera se puede comparar la sexualidad humana con la animal. Los que así hablan no se dan cuenta de que no se puede extrapolar el sentimiento humano, el sentir de hombres y mujeres (en este caso) a un animal. Por otra parte, la esterilización no es una práctica que se defienda como sistema, sino precisamente para intentar paliar el error humano de permitir la procreación indiscriminada, el asesinato y el abandono de millones de cachorros todos los años.

No existe evidencia científica alguna en la actualidad sobre el hecho de que la esterilización afecte a un perro o un gato en su capacidad de trabajo, entrenamiento o relación con su entorno.

Otra equivocación muy extendida es pensar que hembras desarrollan una personalidad más dulce si se les permite tener al menos una camada antes de ser esterilizadas. La investigación conductual o en observaciones clínicas rechazan este dato. Algunos expertos y estudiosos de la ciencia animal sugieren que esta creencia puede ser descrita como un ‘efecto placebo’ mediante la cual el dueño espera que la cruza de su mascota conlleva una transformación de conducta y una mejora de su comportamiento.

Otro error muy común es creer que los machos no deben ser esterilizados, a pesar de que uno sólo de ellos en edad fértil puede procrear múltiples camadas, o que se le priva del sexo, cuando hay que insistir en que los animales no pueden ser comparados al ser humano. Es más, para un perro, para un gato, el sexo es una función orgánica, separada totalmente del afecto, del cariño, y en este caso, nada de estos dos sentimientos se eliminan con la esterilización.

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